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Codependiendo

A veces los familiares de enfermos de T.P. actuamos de manera codependiente, con lo que padecemos una angustia innecesaria, que además no contribuye en lo más mínimo a ayudar a los afectados.

La codependencia es un modo de satisfacer las necesidades que no satisface las necesidades. La vida del codependiente es una continua obsesión y preocupación por los problemas de otra persona.

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Refuerzo positivo

¿Cuántas veces nos hemos planteado, respecto a la pareja, los hijos, u otras personas: “no valoran lo que hago”; “no lo agradecen”; “nunca me reconocen el esfuerzo”?

Con seguridad, la respuesta es “muchas veces”.

Pero, ¿cuántas veces nosotros reconocemos el esfuerzo o los méritos de los que nos rodean? ¿cuántas veces les decimos que estamos muy satisfechos? ¿que se lo agradecemos?

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El monte Recuperatos

Cuatro madres, cada una con un hijo, viajaban en un viejo vehículo por una pista abandonada que atravesaba la cordillera. Se dirigían al monte Recuperatos, que se hallaba a muchos kilómetros de distancia. Los hijos –ya adultos- padecían un extraño mal que les dificultaba el caminar, y sus madres les acompañaban al monte sagrado, donde esperaban lograr la curación.

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¿Y después, qué?

Las personas que padecen un trastorno de la personalidad suelen encontrar numerosas dificultades para desenvolverse adecuadamente en el ámbito social, laboral y familiar. Tanto la escasa tolerancia a las frustraciones, como la deficiente interrelación social dificultan el normal proceso de aprendizaje mediante el método de “prueba y error”.

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La frustración

La frustración es esa desagradable sensación que experimentamos cuando no se ve cumplida una expectativa que esperábamos alcanzar.

Es, pues, un problema de desajuste: La cuestión no estriba en que consigamos mucho o poco, sino en la diferencia entre lo que esperamos y lo que conseguimos. Y tal como aprendimos en nuestras primeras clases de aritmética, la magnitud de una diferencia depende de las magnitudes del minuendo y del sustraendo. Cuanto más altas sean nuestras expectativas, más probabilidades habrá de que no se cumplan, y por lo tanto, de que aparezca la frustración.

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¡SOY INOCENTE!

Uno de los más negros nubarrones que suelen ensombrecer el ánimo de los familiares de enfermos de TP es el de la culpa.

Es una potente sensación compuesta de inseguridad, angustia y remordimientos, que resulta completamente incompatible con la acción positiva, con la felicidad, y con la capacidad de ayudar de manera efectiva a los enfermos.

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Pena, penita, pena

Los enfermos de TP encuentran numerosas dificultades para desenvolverse satisfactoriamente en la vida. Suelen tener problemas en sus relaciones sociales o para mantener un puesto de trabajo. Toleran mal la frustración y pueden comportarse de modo agresivo. Tienden a emprender multitud de proyectos que suelen terminar en otros tantos fracasos; o bien optar por una actitud pasiva. Como consecuencia de todo ello, experimentan un gran malestar que hace muy difícil que se sientan felices.

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Aprender a nadar

En una aldea costera en la que no había embarcaciones vivía un hombre que no sabía nadar. A unos 500 metros de la aldea había un islote. El hombre siempre había deseado visitar el islote, pero durante 30 años se había limitado a mirarlo desde la playa, porque nunca había intentado aprender a nadar.

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Límites para los “límites”

Del interesante artículo del Dr. Rubio, en la revista de El Volcán, me ha llamado especialmente la atención un párrafo, que por una parte rebaja las exageradas expectativas que a veces tenemos hacia los fármacos; y por otra subraya la importancia de algo que en buena medida está en nuestras manos, como familiares de los enfermos.

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