Aprender a nadar

En una aldea costera en la que no había embarcaciones vivía un hombre que no sabía nadar. A unos 500 metros de la aldea había un islote. El hombre siempre había deseado visitar el islote, pero durante 30 años se había limitado a mirarlo desde la playa, porque nunca había intentado aprender a nadar.
Límites para los «límites»

Del interesante artículo del Dr. Rubio, en la revista de El Volcán, me ha llamado especialmente la atención un párrafo, que por una parte rebaja las exageradas expectativas que a veces tenemos hacia los fármacos; y por otra subraya la importancia de algo que en buena medida está en nuestras manos, como familiares de los enfermos.